3.3 - El quite y el toreo de capote en la lidia
El capote no es solo lucimiento: es la herramienta con la que el torero gobierna la lidia entera. Y su expresión más noble es el quite: acudir con la capa para llevarse al toro y auxiliar a un compañero. En esta última lección del módulo verás qué es el quite, cómo se alternan los toreros, qué son las largas y los remates, y cómo ligar en el salón series completas con ritmo y respiración.
El quite: la función de auxilio
La palabra lo dice todo: quitar. Un quite es la acción de acudir con el capote para llevarse al toro de un lugar donde está creando peligro: apartarlo del caballo del picador tras la vara, sacarlo de encima de un torero caído o comprometido, o alejarlo de un banderillero apurado. Es la función original y más seria del toreo de capote en la lidia: antes que arte, el quite es oficio y compañerismo. Por eso en las escuelas taurinas se enseña desde el principio que con el capote en la mano nunca se está de adorno: se está de guardia.
Técnicamente, el quite básico consiste en llegar por el terreno adecuado, citar con decisión para arrancar al toro de su objetivo y llevárselo toreando hasta dejarlo colocado en otra parte del ruedo. También en el quite mandan los cuatro tiempos del pase:
- Citar: llamar al toro con la tela y la voz desde el sitio justo, ganándole la atención al peligro.
- Cargar la suerte: dar el paso que compromete el cuerpo y obliga al toro a elegirte a ti.
- Templar: llevártelo embebido en el capote, sin tirones que lo suelten a mitad de camino.
- Rematar: dejarlo fijado y colocado donde ya no haga daño, cerrando con una media, una larga o una revolera.
Los quites de lucimiento y la alternancia
Con el tiempo, el quite desarrolló una segunda vida: el quite de lucimiento. Durante el tercio de varas, después de cada puyazo, uno de los toreros acude a llevarse al toro y aprovecha para torearlo a la verónica, por chicuelinas, por gaoneras o por el lance que elija. Ahí es donde los adornos de la lección 3.2 encuentran su sitio natural.
La costumbre ordena la fiesta: los espadas se alternan en los quites por turno. En cada toro, el primer quite corresponde al torero a quien pertenece ese toro, el segundo al siguiente en antigüedad, y así sucesivamente. Esta alternancia dio lugar históricamente a los famosos quites por competencia: cuando dos toreros en tarde inspirada se responden quite tras quite, cada uno intentando superar al anterior, la plaza asiste a un duelo de arte que es pura gloria del toreo. En el salón podéis recrearlo: un compañero hace su quite con el carretón y el siguiente responde con otro repertorio. Es el juego más taurino que existe.
Largas y remates básicos
Además de los lances con las dos manos, el capote tiene su repertorio a una sola mano: las largas. En la larga, el capote se despliega extendido en toda su longitud y una sola mano conduce la embestida, despidiéndola al final con un giro de muñeca. La más célebre es la larga cambiada de rodillas, frecuente hoy a porta gayola (recibiendo al toro en la puerta de toriles). Entre los remates que cierran series y quites, conviene conocer de nombre los básicos:
- La media verónica, que ya dominas: el remate clásico por excelencia.
- La revolera: el capote, soltado de una mano, gira alrededor de la cintura del torero como una falda que vuela, despidiendo la embestida con vistosidad.
- La serpentina: variante en la que la tela dibuja ondas en el aire al despedir al toro.
- La larga afarolada: el capote pasa por encima de la cabeza del torero al rematar.
En el salón basta con dominar la media verónica y ensayar la revolera: las demás llegarán con los años y la muñeca.
Ligar los lances: las series en el salón
Torear no es dar lances sueltos: es ligarlos, encadenarlos de modo que el final de uno sea el principio del siguiente. A esa continuidad se le llama ligazón, y es lo que convierte tres verónicas en una serie y una serie en una obra. La estructura clásica que vas a entrenar es la más noble de todas: serie de tres o cuatro verónicas rematada con la media.
Rutina de trabajo para el salón:
- Serie contada (10 minutos): con embestida imaginaria, liga «verónica – verónica – verónica – media», recolocando los pies entre lance y lance sin perder la cara del toro. Repite cinco series por cada pitón.
- Serie con carretón (15 minutos): el compañero pasa cuatro veces seguidas, con vueltas amplias y ritmo constante. Tú resuelves cada pasada con un lance y cierras la cuarta con la media. Luego, cambio.
- El quite completo (10 minutos): simulad la escena entera: el carretón «está en el caballo», tú acudes desde lejos, citas, te lo llevas con tres chicuelinas o gaoneras y rematas con revolera. Así se entrena no solo el lance, sino la lidia.
Ritmo y respiración
Las series se sostienen sobre el aire. Un torero con la respiración rota torea a tirones. Aprende desde ya el compás del salón: inhala en el cite, suelta el aire despacio durante el temple y termina de vaciarlo en el remate. Entre lance y lance, una respiración tranquila mientras recolocas los pies. Si notas que jadeas, detén la serie, baja el ritmo y vuelve a empezar: es preferible una serie lenta y respirada que cinco atropelladas. Con las semanas descubrirás que el temple de los brazos y el temple del aire son el mismo temple.
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