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2.1 - La colocación y la postura: la figura del torero

La colocación: los pies al citar, al cargar la suerte, y la figura.
La colocación: los pies al citar, al cargar la suerte, y la figura.

Antes de dar un solo pase hay que aprender a estar. La colocación y la postura son los cimientos del toreo: un torero mal colocado torea mal aunque tenga buenas manos. En esta lección vas a construir tu figura delante del espejo, pieza a pieza, desde los pies hasta la mirada.

Por qué la postura lo es todo

En el toreo de salón no hay toro que te corrija: si te acostumbras a estar encorvado, torcido o con los pies bailando, ese vicio viajará contigo el día que te pongas delante de una becerra. Por eso en la Escuela Taurina de Cabra dedicamos este módulo entero a la base. La figura del torero no es una pose estética: es una herramienta técnica. Un cuerpo bien colocado transmite quietud, permite mandar en la embestida y, además, comunica al público serenidad y dominio. Un cuerpo mal colocado transmite miedo y desorden, aunque el pase salga.

Los pies: la raíz de la figura

Todo empieza por los pies. Hay dos colocaciones fundamentales, y saber cuándo usar cada una es de las primeras decisiones técnicas que aprenderás:

  • Pies juntos: los talones casi tocándose, las puntas ligeramente abiertas. Es la colocación de mayor exposición y de mayor plasticidad, la que se usa en suertes de recibo como las verónicas a pies juntos o en desplantes. Exige un equilibrio muy trabajado, porque no hay base ancha que te sostenga.
  • Compás abierto: los pies separados aproximadamente el ancho de los hombros o algo más, con un pie adelantado hacia el terreno del toro. Es la colocación del toreo fundamental en redondo, la que permite cargar la suerte: adelantar la pierna, echar el peso hacia delante y mandar en la embestida. La mayor parte del curso trabajarás con compás abierto.

Regla práctica de la Escuela: la suerte manda sobre los pies. Antes de cada ejercicio, pregúntate qué vas a torear y coloca los pies en consecuencia. Nunca al revés.

El peso del cuerpo

El peso no se reparte al cincuenta por ciento como quien espera el autobús. En el toreo fundamental, el peso tiende a ir sobre la pierna de salida, la contraria al pitón por donde va a pasar el toro, y se transfiere hacia delante cuando se carga la suerte. Lo que jamás debe ocurrir es que el peso se vaya hacia atrás, sobre los talones: ese es el gesto del que quiere irse, y el cuerpo que quiere irse no manda. Entrena descalzo o con zapatillas finas y siente dónde apoya cada pie: la planta entera, con ligera tendencia hacia la parte delantera del pie.

La cintura, la verticalidad y el pecho

La cintura es la bisagra del toreo. Debe estar relajada pero activa: es la que gira acompañando al engaño sin que los pies se muevan antes de tiempo. El tronco, vertical; el pecho, ligeramente adelantado y sacado, con los hombros bajos y atrás; la barbilla, recogida sin rigidez. Piensa en una plomada que cayera desde tu coronilla hasta el suelo: esa línea no debe quebrarse ni hacia delante (encorvarse) ni hacia atrás (echarse fuera). La verticalidad no es tiesura: es una columna elástica que se inclina solo cuando la técnica lo pide, nunca por miedo ni por descuido.

Los brazos, la cabeza y la mirada

Los brazos caen naturales, con los codos cerca del cuerpo. Los codos despegados son uno de los defectos más feos y más comunes: acortan el pase, descomponen la figura y quitan mando. La muñeca sujeta el engaño con firmeza suave, como se sujeta un pájaro: que no se escape, que no se ahogue.

La cabeza, erguida. La mirada, al toro, aunque el toro sea imaginado: en el salón mirarás al punto donde nace la embestida imaginaria y acompañarás con los ojos el recorrido del pase. Jamás al suelo. El que mira al suelo agacha la cabeza, el que agacha la cabeza encorva la espalda, y el que encorva la espalda ya no torea: se defiende.

La naturalidad: el objetivo final

Todo lo anterior debe acabar pareciendo natural. Al principio te sentirás como un maniquí articulado, y es normal: estás instalando un programa nuevo en tu cuerpo. Con las repeticiones, la colocación deja de pensarse y pasa a sentirse. Ese es el momento en que aparece la figura del torero: cuando la técnica se vuelve costumbre y la costumbre se vuelve elegancia.

Errores típicos del principiante

  1. Encorvarse: doblar la espalda hacia el engaño. Corrección: pecho fuera, hombros atrás, y bajar el engaño con el brazo, no con la espalda.
  2. Separar los codos: los brazos en jarras roban recorrido al pase. Corrección: imagina que sujetas un periódico doblado entre el codo y las costillas.
  3. Mirar al suelo: pierdes al toro y pierdes la figura. Corrección: fija un punto a la altura donde iría la cara del toro y no lo sueltes.
  4. Peso en los talones: el cuerpo pide huir. Corrección: siente la planta delantera del pie antes de cada cite.
  5. Pies inquietos: pasitos que nadie ha pedido. Corrección: dibuja con tiza la posición de tus pies y termina el ejercicio dentro de la tiza.

Ejercicios frente al espejo

  1. La estatua (5 minutos): colócate en compás abierto frente al espejo, sin engaño. Revisa de abajo arriba: pies, peso, cintura, pecho, hombros, barbilla, mirada. Mantén la posición corrigiendo cada detalle.
  2. Juntos y abierto (10 repeticiones): pasa de pies juntos a compás abierto y vuelta, despacio, sin perder la verticalidad ni mover el tronco.
  3. La plomada (5 minutos): de perfil al espejo, comprueba que oreja, hombro y cadera forman una línea vertical. Encórvate a propósito y corrige: tu cuerpo debe aprender a distinguir ambas sensaciones.
  4. Codos presos (con capote o muleta): sujeta el engaño y gira la cintura a un lado y a otro con los codos rozando el cuerpo, la mirada acompañando el vuelo.
¿Sabías que…? En el lenguaje taurino, a la colocación elegante y asentada del torero se le llama «el empaque». Se dice que un torero «tiene empaque» cuando su sola manera de estar en la plaza ya transmite categoría, antes incluso de dar el primer pase.
El consejo del maestro: No pases al siguiente ejercicio hasta que el espejo te devuelva una figura que te guste. El espejo es el único toro que no perdona ni una: aprovéchalo. Cinco minutos de estatua bien hechos valen más que cien pases encorvados.
Pies juntos o compás abierto, el peso del cuerpo, la verticalidad, la mirada y la naturalidad. Errores típicos del principiante y ejercicios frente al espejo.
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