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3.2 - Lances de adorno: la chicuelina y la gaonera

Cuando la verónica ya vive en tus brazos, el capote te abre su joyero: los lances de adorno. La chicuelina y la gaonera son los dos más célebres, cada uno con nombre y apellidos de torero. En esta lección aprenderás su historia, su técnica con los cuatro tiempos del pase y cómo entrenar en el salón la coordinación del giro, que es su gran secreto.

Los lances de adorno: qué son y para qué sirven

Los lances de adorno o de fantasía no sustituyen a la verónica: la complementan. Son recursos de lucimiento con los que el torero variará su repertorio, sobre todo en los quites (lo verás en la lección 3.3) y en momentos en que el toro embiste con alegría y fijeza. Exigen más coordinación que la verónica porque el cuerpo hace algo aparentemente contrario a la lógica: girar o quedarse quieto mientras la embestida pasa rozando. Precisamente por eso son un entrenamiento magnífico para el salón: educan el valor sereno y el sentido del tiempo.

La chicuelina: el giro envuelto en el capote

La chicuelina es un lance en el que el torero cita de frente con el capote por delante y, cuando la embestida llega a su jurisdicción, gira sobre sí mismo en sentido contrario al viaje del toro, envolviéndose en la tela mientras el animal pasa por el costado. Al completar el giro, el torero queda de nuevo colocado, con el capote plegado sobre el cuerpo como una capa romana, y el toro pasado.

Con el método de los cuatro tiempos:

  1. Citar. De frente, con el capote abierto y ofrecido con las dos manos, como para una verónica. Los pies casi juntos. Llama a la embestida imaginaria con un leve adelanto de la tela.
  2. Cargar la suerte. Da un pequeño paso hacia el terreno del toro para ponerte en el sitio: la chicuelina se hace en la cara, no huyendo de ella. Ese paso adelante es tu compromiso con el lance.
  3. Templar. Cuando la embestida entra en jurisdicción, inicia el giro sobre los pies, en sentido contrario al viaje del toro, dejando que el capote se enrolle en tu cintura a la velocidad exacta de la embestida. Si giras antes, el toro «se queda sin tela»; si giras tarde, te arrolla. El temple aquí no está en los brazos, sino en el tiempo del giro.
  4. Rematar. Completa el giro y queda mirando de nuevo al toro, con el capote recogido en el cuerpo, listo para desplegarlo en el siguiente lance o para rematar la tanda con una media verónica o una revolera.

La chicuelina lleva el nombre de Manuel Jiménez Moreno, «Chicuelo», torero sevillano del barrio de la Alameda que la popularizó hacia los años veinte del siglo pasado. Chicuelo, que fue además un torero clave en la gestación del toreo moderno ligado en redondo, dejó en este lance su firma para siempre: hoy es imposible ver una chicuelina sin pronunciar su apodo.

La gaonera: el capote a la espalda

La gaonera pertenece a la familia del toreo con el capote por detrás: el torero sujeta la tela a su espalda, de modo que su propio cuerpo queda por delante, desnudo ante la embestida, y solo un vuelo de tela asoma por el costado para conducir al toro.

Con los cuatro tiempos:

  1. Citar. Coloca el capote a la espalda, sujeto con las dos manos por detrás del cuerpo, y ofrece al toro el vuelo que asoma por el costado del cite. El pecho y las piernas quedan por delante de la tela: por eso la gaonera es un lance de tanto compromiso. Cita con la voz y con un leve movimiento del vuelo.
  2. Cargar la suerte. Adelanta la pierna del lado del cite y aguanta quieto: aquí cargar la suerte es sobre todo no moverse, dejar que la embestida venga a tu terreno y ganarle la acción con la colocación.
  3. Templar. Cuando la embestida llega, la mano del lado del cite conduce el vuelo llevándose al toro por el costado, pegado al cuerpo, mientras el torso gira apenas lo justo para acompañar el viaje. La tela viaja plana y lenta, a la altura de la cara del toro imaginario.
  4. Rematar. Al salir la embestida, la tela se recoge de nuevo a la espalda y el torero gira para citar por el otro costado, encadenando gaonera tras gaonera, o remata la tanda girando el capote por lo alto.

Su creador fue Rodolfo Gaona, el gran torero mexicano de León (Guanajuato) que triunfó en España en las primeras décadas del siglo XX, rivalizando con Joselito y Belmonte en la llamada Edad de Oro del toreo. De su apellido nació «gaonera», y México quedó para siempre en el diccionario del capote.

¿Sabías que…? Los dos lances de adorno más famosos del capote llevan nombre propio: la chicuelina, por el sevillano Manuel Jiménez «Chicuelo», y la gaonera, por el mexicano Rodolfo Gaona. Cuando un torero inventa o consagra un lance, la afición lo bautiza con su nombre: es la forma más bella de pasar a la historia.

¿Cuándo se usan?

Ninguno de los dos es un lance «de recibo» habitual: su territorio natural son los quites y los momentos de lucimiento, cuando el toro embiste franco, largo y con recorrido. La chicuelina pide un toro que humille y repita; la gaonera, uno que vaya derecho y sin cabecear, porque el cuerpo está expuesto. En el salón no hay riesgo, pero conviene aprender ya este criterio: cada lance tiene su momento, y elegir bien el momento también es torear.

Entrenamiento en el salón: la coordinación del giro

  • El giro en seco (5 minutos): sin capote, pies casi juntos, gira 360 grados sobre las plantas sin perder el eje ni mover la cabeza de sitio. Diez giros en cada sentido. El eje vertical es el alma de la chicuelina.
  • Chicuelina con conteo (10 minutos): con capote, ejecuta el lance diciendo los cuatro tiempos en voz baja. Empieza girando a cámara lenta y sube el ritmo solo cuando el capote se enrolle limpio, sin arrugarse ni caerse.
  • Gaonera frente al espejo (10 minutos): coloca el capote a la espalda y ensaya solo el cite y el viaje de la mano, vigilando que la tela pase plana y que tu cuerpo no se doble hacia atrás.
  • Con carretón (10 minutos): el compañero pasa despacio y en línea recta: dos chicuelinas, luego dos gaoneras, y cambio de papeles. El que empuja marca un ritmo constante: sin temple del carretón no hay temple del capote.
El consejo del maestro: En la chicuelina, el error de todos los principiantes es girar antes de tiempo, por las prisas de «salvarse». Hazte una regla de oro en el salón: no empieces el giro hasta que el carretón haya alcanzado la tela. Primero llega el toro, después gira el torero. Quien aprende a esperar en el salón, sabrá esperar en la plaza.
La chicuelina de Chicuelo y la gaonera de Rodolfo Gaona con los cuatro tiempos, cuándo se usan y cómo entrenar la coordinación del giro en el salón.
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