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Modulo 1 - Historia de la tauromaquia y la plaza de Cabra
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Modulo 2 - El toro de lidia
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Modulo 3 - El reglamento y los tercios de la lidia
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Modulo 4 - Terminologia, la plaza y los utiles
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Modulo 5 - Etica, valores y respeto al animal
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Modulo 6 - Primeros auxilios basicos
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Modulo 7 - La tauromaquia y la ley: marco legal y debate social
3.3 - El tercio de muerte; la presidencia, los avisos y los trofeos
Llega el tercio decisivo: la faena de muleta y la suerte de matar, el momento de mayor lucimiento artístico y de máximo riesgo. Pero el desenlace no termina con la espada: la presidencia, los avisos y los trofeos forman parte de un mismo lenguaje reglado que esta lección te enseña a leer.
El tercio de muerte: la faena de muleta
Suena el último cambio de tercio. El matador toma la muleta —un paño rojo más pequeño que el capote, montado sobre un palo llamado estaquillador— y el estoque. Antes de iniciar la faena, suele dirigirse al palco presidencial para pedir permiso y, en muchas ocasiones, brindar la muerte del toro a alguien del público o al público entero, lanzando su montera.
La faena de muleta es el corazón artístico de la corrida. Con la muleta, el matador liga series de pases buscando templar la embestida, mandar sobre el toro y componer una obra con ritmo y emoción. Los pases fundamentales son el natural (con la mano izquierda, citando de frente) y el derechazo (con la derecha, ayudado por el estoque), además del pase de pecho, los ayudados y los adornos finales como las manoletinas o el desplante. El mérito está en torear despacio, abajo y con cadencia, dejando pasar al toro cerca del cuerpo.
La suerte suprema: estocada y descabello
Cuando el toro está cuadrado —con las patas juntas y la cabeza a media altura—, el matador ejecuta la suerte de matar. Perfilado frente al toro, cita, se arranca y clava el estoque entrando a matar por todo lo alto, entre los omóplatos, buscando la posición que produce una muerte rápida.
La estocada se valora según cómo se ejecute: la más pura es recibiendo (el matador espera quieto la embestida) o a un tiempo; la más común es el volapié (es el matador quien va hacia el toro). Si la espada no surte efecto pronto, el matador recurre al descabello, una espada especial con un tope en cruz que se clava en la nuca para producir la muerte instantánea cuando el toro ya está vencido pero no acaba de doblar.
La presidencia y los avisos
El presidente es la máxima autoridad del festejo. Desde su palco ordena los cambios de tercio, vela por el cumplimiento del reglamento y administra el tiempo de cada lidia. Le asisten asesores —técnico y veterinario— pero la decisión final es suya.
Uno de sus cometidos más visibles es el control del tiempo del último tercio mediante los avisos. El matador dispone de un plazo reglamentario (en general unos quince minutos desde que comienza la faena) para dar muerte al toro. Si se demora:
- Primer aviso: suele darse pasados unos diez minutos; advierte al matador de que se le agota el tiempo.
- Segundo aviso: a los tres minutos del primero; es una advertencia grave.
- Tercer aviso: a los dos minutos del segundo. Con él, el toro es devuelto a los corrales (donde será sacrificado) y el matador pierde la posibilidad de cobrar trofeos por ese toro. Es uno de los mayores fracasos para un torero.
Cada aviso se anuncia con un toque de clarín, de modo que el público sabe en todo momento cómo va el reloj.
Los trofeos: oreja, rabo y vuelta al ruedo
Si la faena ha tenido mérito, el público lo manifiesta agitando pañuelos blancos para pedir trofeos a la presidencia. Los trofeos forman una escala ascendente:
- Vuelta al ruedo: el reconocimiento menor. El matador recorre el ruedo recibiendo la ovación, pero no se le concede oreja.
- Una oreja: el presidente saca un pañuelo blanco y se corta una oreja del toro, que se entrega al matador. Premia una buena faena rematada con una estocada correcta.
- Dos orejas: reservadas a faenas de gran mérito y muerte limpia.
- Rabo: el máximo galardón, hoy excepcional, para una actuación redonda y memorable. Suele exigir las dos orejas previas.
La concesión de trofeos la decide el presidente, atento al clamor del público pero no obligado por él: puede conceder una oreja que el público no pide con fuerza, o negarla si la estocada ha sido defectuosa, aunque buena parte del tendido la reclame. La estocada es condición casi indispensable para cortar oreja.
El indulto: la gracia al toro bravo
En casos excepcionales, cuando un toro ha sido extraordinariamente bravo y noble durante toda la lidia, el público puede pedir su indulto agitando pañuelos de color naranja o verde. Si el presidente lo concede —tras valorar el criterio del ganadero y del matador—, el toro no es muerto: se le perdona la vida, se le cura de las heridas y vuelve al campo como semental, para transmitir su casta a la descendencia. El indulto es rarísimo y constituye el mayor homenaje que puede recibir un toro bravo.
Con esto se cierra el ciclo completo de la lidia. Desde el paseíllo hasta el arrastre del toro por el tiro de mulillas, cada gesto responde a un orden que ahora estás en condiciones de leer e interpretar como un verdadero aficionado.
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