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Modulo 1 - Historia de la tauromaquia y la plaza de Cabra
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Modulo 2 - El toro de lidia
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Modulo 3 - El reglamento y los tercios de la lidia
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Modulo 4 - Terminologia, la plaza y los utiles
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Modulo 5 - Etica, valores y respeto al animal
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Modulo 6 - Primeros auxilios basicos
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Modulo 7 - La tauromaquia y la ley: marco legal y debate social
1.2 - Las grandes figuras que pisaron nuestro ruedo
Los carteles históricos que se conservan de la plaza de Cabra son mucho más que papeles antiguos: son la nómina de honor de un ruedo que, durante 169 años, reunió a las mayores figuras del toreo de cada época. Recorrerlos es, en buena medida, recorrer la propia historia de la tauromaquia.
Cada uno de estos nombres pertenece a una época distinta del toreo, y por eso los carteles egabrenses funcionan como una línea del tiempo. Del toreo romántico del XIX al fenómeno de masas del siglo XX, la plaza fue actualizándose sin perder nunca su categoría. Repasemos, cartel a cartel, a las grandes figuras que dejaron su huella en la arena de Cabra.
Los orígenes: Cúchares y El Tato (1857 y 1859)
La plaza abrió sus puertas por todo lo alto. En la inauguración de 1857 lidiaron Francisco Arjona «Cúchares» y Antonio Sánchez «El Tato», dos de las máximas figuras del toreo romántico del XIX. Ambos repitieron en 1859, consolidando desde el primer momento el prestigio del coso egabrense. Cúchares es considerado uno de los padres del toreo moderno —a él se atribuye la sistematización de suertes que hoy siguen vigentes—, y su presencia en Cabra situó a la plaza en el mapa taurino nacional desde su nacimiento.
Bocanegra y la tarde del indulto (1878)
Una de las páginas más memorables la protagonizó el diestro cordobés Manuel Fuentes «Bocanegra» en 1878, la tarde en que se indultó al toro «Morriones». El indulto —perdonar la vida a un toro por su excepcional bravura— era y sigue siendo un hecho rarísimo, reservado a reses de méritos extraordinarios. Que ocurriera en Cabra habla de la calidad del ganado y de la afición entendida que llenaba sus tendidos.
El Espartero y Guerrita (1887)
En 1887 pisaron el ruedo Manuel García «El Espartero», símbolo del valor trágico y del arrojo popular, y Rafael Guerra «Guerrita», el gran maestro cordobés que dominaría el toreo de finales de siglo. La rivalidad y el estilo contrapuesto de ambos —el temerario frente al técnico impecable— convirtieron aquellas tardes en acontecimientos de primer orden.
La cumbre: Joselito y Belmonte (8 de septiembre de 1917)
Si hay una fecha grabada en oro en la historia de la plaza, es el 8 de septiembre de 1917, cuando compartieron cartel José Gómez «Gallito» (Joselito) y Juan Belmonte. Su rivalidad definió la llamada Edad de Oro del toreo: Joselito representaba el dominio absoluto y el conocimiento total del toro; Belmonte, la revolución estética, el toreo quieto y templado que dio origen al toreo moderno tal como hoy lo entendemos. Verlos juntos en un mismo ruedo era el máximo acontecimiento que podía vivir cualquier afición de la época, y Cabra lo tuvo.
Juanita Cruz, pionera del toreo femenino (1933)
En 1933 el ruedo egabrense acogió a Juanita Cruz, la gran pionera del toreo femenino en una época en que a las mujeres se les negaba el acceso a la profesión. Su valentía, dentro y fuera del ruedo, abrió camino a las diestras que vendrían después. Su paso por Cabra es testimonio de una plaza atenta a los grandes nombres de cada momento, sin exclusiones.
Carlos Arruza en el centenario (1957)
En 1957, con motivo del centenario de la plaza, torea el mexicano Carlos Arruza, una de las grandes figuras internacionales del toreo y del rejoneo. Su presencia en efeméride tan señalada demuestra la proyección que había alcanzado el coso egabrense, capaz de atraer a estrellas de ambos lados del Atlántico.
El Cordobés y Chiquilín (feria de 1995)
Ya en el toreo moderno, la feria de 1995 reunió a Manuel Benítez «El Cordobés» —el diestro que revolucionó la fiesta en los años sesenta y la convirtió en fenómeno de masas— junto a «Chiquilín». Su presencia mantuvo viva la tradición de grandes carteles hasta las puertas del siglo XXI.
El orgullo de la tierra: los toreros de Cabra
La historia del ruedo no se entiende sin sus propios hijos. Cabra dio toreros como Antonio de la Haba «Zurito» y Felipe Serrano «Felipín», diestros locales que llevaron el nombre de la ciudad por otras plazas y que representan el vínculo directo entre el pueblo y su fiesta. Ellos encarnan la ilusión que hoy recoge la Escuela Taurina: la de que de esta tierra sigan naciendo figuras.
De Cúchares a El Cordobés, de Joselito y Belmonte a Juanita Cruz, cada nombre de estos carteles es un capítulo de la gran historia del toreo. Nombres que un aficionado de cualquier lugar de España reconocería al instante, y que sin embargo comparten un mismo escenario: la arena de Cabra. Conservar y estudiar esos carteles no es un ejercicio de nostalgia, sino una forma de comprender el enorme peso histórico del ruedo en el que hoy se forman los alumnos de la Escuela. Cada tarde de aprendizaje se pisa el mismo suelo que pisaron los más grandes, y esa continuidad —la certeza de que el pasado sigue esperando a las figuras del mañana— es, quizá, el mayor patrimonio de esta plaza.
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