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2.2 - Ganaderias, encastes, hierros y divisas

Detrás de cada toro que salta al ruedo hay una ganadería, una línea de sangre, un hierro y una divisa. En esta lección aprenderás a identificarlos y a entender por qué no hay dos toros iguales: cada uno lleva escrita en su carácter la historia de la casa que lo crió.

Las ganaderías de bravo

Una ganadería de reses bravas es a la vez una finca —la dehesa— y el conjunto de animales que un ganadero cría y selecciona para la lidia. No es una explotación cualquiera: es una empresa familiar, muchas veces centenaria, cuyo capital más valioso es una línea de sangre cuidada durante generaciones. Cada ganadería tiene su carácter, su prestigio y su forma particular de embestir, hasta el punto de que los aficionados reconocen «el sello» de una casa en el comportamiento y la hechura de sus toros.

Los encastes: las familias del toro bravo

El encaste es la «familia genética» a la que pertenece un toro: el origen común del que descienden sus reses. Aunque hoy existen muchas ganaderías, la inmensa mayoría de los toros que se lidian proceden de una sola casta fundacional, la de Vistahermosa, formada en Andalucía a finales del siglo XVIII. De aquel tronco común han ido brotando, como las ramas de un árbol, los grandes encastes actuales:

  • Domecq: el más extendido hoy; suele dar toros nobles, movidos y muy toreables, ideales para el toreo artístico.
  • Núñez: toros de embestida noble y cómoda, muy apreciados por los toreros.
  • Santa Coloma: reses de casta, con genio y emoción, exigentes.
  • Saltillo: encaste minoritario y de gran pureza, de toros finos y con mucho temperamento.
  • Murube: uno de los troncos clásicos, de toros con nobleza y trapío.
  • Contreras, Urcola, Gamero Cívico: otras ramas históricas, cada una con su hechura y su comportamiento propios.

Cada encaste da, por tanto, un tipo de toro distinto: en el volumen, en el pelo, en la forma de las astas y, sobre todo, en la manera de embestir. Conocer los encastes ayuda a entender por qué una tarde de toros «serios» de una ganadería dura no se parece en nada a una de toros nobles y cómodos de otra.

El hierro y la divisa

Cada ganadería se identifica con dos señas visibles en la propia plaza:

  • El hierro es la marca que se graba a fuego en la piel del animal, como un escudo propio de la casa. Cada ganadería tiene el suyo, registrado y protegido, y por él se reconoce la procedencia del toro.
  • La divisa es el pequeño lazo de cintas de colores que se le clava al toro en el morrillo al salir al ruedo. Sus colores, combinados de una forma concreta, también identifican a la ganadería: son, por así decirlo, su bandera.

La antigüedad de las ganaderías

En el mundo del toro, la antigüedad importa. Se cuenta desde la fecha en que una ganadería debutó con toros en una plaza de primera categoría, y establece una jerarquía de respeto entre las casas. Esa antigüedad llega a determinar incluso el orden de salida de los toros cuando en un mismo festejo se lidian reses de varias ganaderías: sale primero el hierro más antiguo. Es una forma de honrar la historia y la continuidad de cada casa.

La crianza en la dehesa

El toro bravo vive en libertad en la dehesa entre 4 y 6 años antes de la lidia, un tiempo larguísimo comparado con cualquier otra ganadería. Durante esos años pasta en enormes fincas, apenas en contacto con el hombre, para que conserve intacto su instinto salvaje. Criar un toro así tiene un coste y un cuidado enormes: hectáreas de pasto por cabeza, veterinarios, vaqueros a caballo, suplementos de alimento en las épocas de sequía… Y todo ello sin garantía de que el animal «valga», porque la bravura solo se comprueba del todo en el ruedo.

Esa vida en libertad no solo hace único al toro: sostiene la dehesa como ecosistema. Mantener estas fincas dedicadas al bravo evita que se conviertan en cultivos intensivos o en suelo urbanizado, y con ellas se conservan encinas centenarias, aves, corzos y una biodiversidad que en Europa casi ha desaparecido.

¿Sabías que…? Los hierros y las divisas tienen siglos de historia y se transmiten y venden junto con la ganadería, como un patrimonio. Cuando ves los colores de la divisa sobre el morrillo del toro, estás leyendo, sin saberlo, el apellido de una familia de ganaderos.

El toro de cada casa: por qué elegir un encaste

La elección del encaste no es un detalle menor: condiciona por completo la tarde. Una ganadería de encaste Domecq suele ofrecer toros nobles y repetidores, cómodos para el lucimiento artístico; en cambio, hierros de línea Santa Coloma o Saltillo dan reses más exigentes, de más genio, que ponen a prueba el temple y el valor del torero. Por eso los aficionados más veteranos leen el cartel de una corrida fijándose no solo en los nombres de los toreros, sino también —y a veces sobre todo— en la ganadería y su encaste, porque saben que ahí se decide buena parte de lo que van a ver. Preservar la variedad de encastes, incluidos los minoritarios, es mantener viva la diversidad genética del toro bravo, un patrimonio que, una vez perdido, no se recupera.

Las ganaderias de bravo, los encastes, el hierro, la divisa y la cria en la dehesa.
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