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3.1 - La estructura de la lidia: el paseíllo y los tres tercios

Cartel de 'Toros en Cabra' de 1917: Joselito 'Gallito' y Juan Belmonte.
Cartel de 'Toros en Cabra' de 1917: Joselito 'Gallito' y Juan Belmonte.

Una corrida de toros no es un acto improvisado: es un ritual con un orden milenario, escrito y reglado. Comprender la estructura de la lidia —desde el paseíllo hasta la división en tres tercios— es la llave que convierte al espectador desconcertado en un aficionado que entiende lo que ocurre, por qué ocurre y en qué momento. Esta lección te ofrece ese mapa.

Un espectáculo reglado: el porqué del reglamento

La tauromaquia que hoy contemplamos en una plaza es el resultado de siglos de depuración. Lo que empezó siendo un festejo popular y caótico se fue ordenando hasta convertirse en un espectáculo con normas precisas, recogidas en el Reglamento Taurino. En España, el marco vigente para los espectáculos de competencia estatal es el Real Decreto 145/1996, complementado por los reglamentos autonómicos de aquellas comunidades que tienen transferida la competencia, como Andalucía.

El reglamento no es un capricho burocrático: persigue tres objetivos esenciales. Primero, garantizar la integridad del espectáculo, asegurando que el toro reúne las condiciones de edad, peso y trapío (su presencia y armonía física). Segundo, proteger los derechos del público, que paga una entrada y tiene derecho a un festejo en regla. Y tercero, ordenar la lidia para que cada suerte se ejecute en su momento y con sus instrumentos, dando al toro un trato sujeto a normas.

El paseíllo: el pórtico del festejo

Antes de que salga el primer toro, la corrida se abre con el paseíllo. A la señal del presidente, que ondea un pañuelo, se abre la puerta de cuadrillas y desfilan por el ruedo todos los que van a intervenir en la tarde. Es un momento solemne, casi litúrgico, en el que el aficionado reconoce a los protagonistas.

El orden del paseíllo está reglado y responde a la antigüedad. Abren el desfile los alguacilillos a caballo, vestidos a la usanza de los siglos XVI y XVII, que representan a la autoridad y hacen de enlace entre el presidente y el ruedo. Tras ellos avanzan los matadores en una sola línea: el de mayor antigüedad a la izquierda del espectador, el segundo a la derecha y el más moderno en el centro. Detrás de cada espada marchan sus respectivas cuadrillas: los banderilleros (también llamados peones o subalternos) y los picadores a caballo. Cierran el cortejo los monosabios y areneros, mozos de servicio, y el tiro de mulillas que arrastrará a los toros muertos.

Concluido el saludo a la presidencia, los matadores cambian su vistoso capote de paseo —a menudo bordado y heredado— por el capote de brega, y el ruedo queda listo. El alguacilillo recoge entonces, simbólicamente, la llave del toril que le lanza el presidente, y se ordena la salida del primer toro.

Los tres tercios: anatomía de una lidia

La lidia de cada toro se divide en tres partes claramente diferenciadas, llamadas tercios. El nombre proviene de que, idealmente, cada una ocupa aproximadamente una tercera parte del tiempo de lidia. El paso de un tercio al siguiente lo marca el presidente con un cambio de tercio, anunciado por un toque de clarines y timbales.

  • Primer tercio o tercio de varas: es la suerte de picar. El toro embiste al caballo del picador, que lo castiga con la puya. Aquí se mide la bravura y la fuerza del animal y se templa su acometida.
  • Segundo tercio o tercio de banderillas: los banderilleros (o el propio matador) clavan los pares de banderillas en lo alto del morrillo. Aviva al toro y corrige posibles defectos de embestida.
  • Tercer tercio, tercio de muerte o de muleta: el matador realiza la faena con la muleta y, finalmente, ejecuta al toro con la espada. Es el tercio donde se concentra el lucimiento artístico y el desenlace.

Esta división no es arbitraria: responde a una lógica de preparación progresiva del toro. El picador merma su pujanza y lo coloca; las banderillas lo reaniman y lo centran; la muleta lo somete y lo dispone para la suerte suprema. Cada tercio prepara al siguiente, y un fallo en uno condiciona todo lo demás.

¿Sabías que…? La señal de cada cambio de tercio la dan los clarines y timbales por orden expresa del presidente. Un aficionado experto sabe que nada ocurre en el ruedo sin que la presidencia lo autorice: ni se pica, ni se banderillea, ni se mata fuera del momento reglamentario.

El papel de cada interviniente

Para leer bien la lidia conviene tener claro quién es quién. El matador de toros (o espada) es la figura principal: dirige la lidia de su toro y ejecuta la faena de muleta y la estocada. Los banderilleros bregan con el capote, colocan al toro, lo corren por derecho y clavan las banderillas. Los picadores, a caballo y con la puya, ejecutan la suerte de varas. Sobre todos ellos vela el presidente, máxima autoridad del festejo, que ordena los tercios y concede los trofeos.

Conocer esta estructura —paseíllo, tres tercios y reparto de papeles— es la base sobre la que se asienta todo lo demás. En las dos lecciones siguientes desarrollaremos en detalle cada tercio: primero varas y banderillas, después la suerte suprema y el papel de la presidencia.

El reglamento, el paseíllo y la división de la lidia en tres tercios.
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